Como era de esperarse, comienzan a darse desarrollos políticos en Guatemala luego del bombazo informativo del martes cuando el organismo internacional que investigó la muerte del abogado Rodrigo Rosenberg reveló que este se había mandado a matar él mismo.
Hoy el Presidente Alvaro Colom anunció el inicio de una investigación para determinar si hubo un complot para derrocarlo cuando se dio la muerte de Rosenberg.

El Presidente Colom y su esposa Sandra Torres./Erick Sor/S. 21
Según el mandatario, lo de la investigación no es tanto una cosa personal o de revancha por lo que le tocó sufrir a él y a su esposa en los últimos ocho meses -ambos fueron acusados en el famoso video de Rosenberg de querer matarlo- sino por una cuestion institucional, para determinar si existió una conspiración para derrocar a una autoridad electa.
Colom aseguró que no habrá una “cacería de brujas”, es decir la investigación no se utilizará para golpear a sus adversarios políticos o para meter gente inocente a la cárcel, sino únicamente para determinar responsabilidades en actos que causaron una “seria y profunda” herida en la sociedad guatemalteca.
Se entiende lo del presidente Colom de mostrarse ofendido y de querer que haya una ivestigación. En efecto, cuando se dio la muerte de Rosenberg importantes sectores del ala conservadora -o de derecha para ser más precisos en la descripción del abanico político guatemalteco- se subieron al tren de los ataques contra el mandatario.
Se generó en esos días en Guatemala una peligrosa inestabilidad política que no llegó a mas gracias a la serenidad del presidente y al apoyo de que gozó de la comunidad internacional (aquí hay que darle crédito a la Administración Obama y a la OEA que confiaron en la palabra del mandatario. De seguro que si hubiese estado Bush en el poder Washington le hubiese bajado el pulgar a Colom).
Cuesta creer sin embargo, que haya existido una conspiración de sectores de derecha guatemaltecos teniendo como elemento central la muerte de uno de sus propios miembros. Aunque por supuesto hay gente como el presidente venezolano Hugo Chavez que hablan de una “conspiración fascista” para derrocar a Colom.
Uno quisiera pecar de ingenuo y pensar que no hubo tal conspiración. Que lo que sucedio fue que simplemente se aprovecharon del rio revuelto que se formó luego de la muerte a balazos de Rosenberg.
Aunque por supuesto hay elementos que llaman la atención. En la entrega de ayer mencionabamos por ejemplo, que el video de Rosenberg se filma en la oficina de un abogado y conductor de programas de radio con larga trayectoria como figura de la derecha guatemalteca. Es posible que este individuo no sabía nada sobre lo que sucedería luego con Rosenberg, en todo caso, su presencia en todo este enredo debe investigarse.
Más importante que la investigación de si hubo conspiración o no, es el hecho de que el crimen se investigó y se hicieron públicos los resultados -aunque hay gente que no cree en ellos, la credibilidad del organismo que investigó está fuera de dudas.
Esto aunque suene fácil decirlo es un enorme avance en una sociedad guatemalteca acostrumbrada a la impunidad y a la idea de que los poderosos hacen lo que quieren sin que nunca se les llame a rendir cuentas.
Es claro que esta investigación sólo pudo llevarse a cabo debido a que el organismo que investigó tenía el apoyo de las Naciones Unidas -la llamada Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala-, del mismo gobierno guatemalteco y sus miembros eran prácticamente intocables. De haber sido un juez y fiscales guatemaltecos los que investigaban no hubiese sido extraño que los hubieran amenazado y hubieran huido del país -como ha sucedido en otros crímenes notables en la historia reciente de Guatemala.
Del lado del gobierno, o al menos de parte de gente cercana a Colom, también hay cosas que investigar. Sucede que durante la investigación sobre la muerte de Rosenberg un ex funcionario del gobierno de Colom dio informes a la Comisión tratando de involucrar en el crimen a gente de uno de los partidos de derecha guatemalteco. Obviamente, hoy sabemos que no había nada de cierto en tales informes.