Cuando un latino en Estados Unidos habla de la inmigración o de los inmigrantes, por lo general su marco de referencia es la inmigración de latinos a la Unión Americana.
Estamos tan envueltos en un tema tan complejo y extenso que muchas veces se nos olvida que en otras regiones del mundo también hay inmigrantes con problemas similares -o algunas veces peores- a los que nos toca vivir en Estados Unidos.
Traigo el tema a cuento debido a los acontecimientos que se han dado en los últimos días en Italia. Como en muchos países europeos, particularmente los países más ricos o más desarrollados como Alemania, Francia, Gran Bretaña, e incluso Espana, en Italia también hay inmigración.
Esa Italia de la pasta, la mafia, el futbol, las motos Vespa y los carros Fiat, de la ropa fina y los zapatos caros, de la gente bonita y elegante, también tiene inmigrantes, muchos de ellos indocumentados. Inmigrantes llegados de países europeos pobres como Albania, Rumanía y otros vecinos, y también inmigrantes llegados de Africa.
En este caso lo sucedido tiene que ver con un grupo de estos inmigrantes africanos que se habían avencidado en la región de Calabria, más precisamente en la ciudad de Rosarno -ubicada en el Sur de Italia, donde esta el ‘dedo gordo’ de la bota que representa el mapa del país.
Ahí en esa región los inmigrantes hacen labores agricolas que nadie en Italia quiere hacer, trabajos similares a la corta y demás actividades agrícolas que se dan en California y otros estados del país con inmigrantes latinos.
Todo comenzó el jueves en la noche cuando grupos de jovenes italianos -según las cronicas de prensa impulsados por la mafia local- dispararon balas de salva contra los inmigrantes hiriendo a varios de ellos. Para sorpresa de muchos, los inmigrantes reaccionaron. Salieron a protestar y generaron disturbios callejeros.
La contra reaccion de la policía y los residentes locales fue aun mayor: se golpeó a los inmigrantes, se les disparó y algunos incluso terminaron atropellados -se habla de 67 heridos y la prensa habla de ‘caza de negros’ y de ‘limpieza étnica’.
El domingo, el estado italiano decidió arrasar con los viejos edificios y otras instalaciones donde se hospedaban los inmigrantes africanos, se les detuvo y se les traslado en masa -más de mil- a otro sitio y se amenaza con deportárseles.
Los eventos han sido de tal magnitud que el propio Papa Benedicto XVI se pronunció sobre ellos en su homilía del domingo, recordando que aun cuando “el inmigrante es un ser humano diferente por cultura y tradiciones (es) igualmente respetable”.
El inmigrante, siguió el Papa, es una persona “con derechos y deberes, en especial en el ámbito de trabajo, donde es más fácil la tentación a la explotación”.
El Primer Ministro Italiano Sivio Berlusconi no ha dicho una palabra sobre los incidentes en Calabria. Su ministro del Interior sin embargo, sí habló, echándole la culpa de los sucedido a “la excesiva tolerancia a la inmigración clandestina”.
Una voz que vale la pena rescatar es la de Flavio Di Giacomo, un funcionario de la Organización Internacional de las Migraciones, quien señaló que los eventos de Calabria ham mostrado una situación que es conocida por los que trabajan con los inmigrantes pero de la que nadie quiere hablar: “que muchas de las realidades económicas de Italia están basadas en la explotación de una fuerza de trabajo extranjera de bajo costo, con condiciones de vida sub humanas (y) sin derechos humanos”.
Los trabajadores viven en “una semi esclavitud”, añadió Di Giacomo, y es “vergonzoso que esto pase en el corazón de Italia”.
El Papa por su parte habló también sobre la humanidad de los inmigrantes. Hay que “mirar el rostro del otro y descubrir que tiene un alma, una historia y una vida: es una persona y Dios lo ama”.
Que cada quien saque sus conclusiones sobre si lo de Italia tiene alguna similitud con lo que se vive en Estados Unidos. Obviamente aquí no hemos llegado a esos extremos de violencia, sin embargo, tanto las condiciones de trabajo de muchos inmigrantes -particularmente en la agricultura- como el rechazo que alguna gente muestra hacia los indocumentados, suenan parecido.


Escrito por Carlos Rajo 