La pregunta central luego del debate de los candidatos a la presidencia de México era simple: ¿se golpeó lo suficiente a Enrique Peña Nieto o este cometio algún error garrafal para afectar su posición de puntero en las encuestas?
La respuesta creo que es también simple: no.
Peña Nieto, el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), fue el centro de los ataques, particularmente del candidato de la izquierda Andrés Manuel López Obrador y de la candidata del conservador PAN, Josefina Vásquez Mota. Y es cierto, en varias instancias Peña Nieto se vio contra la pared, sin embargo, nunca se quedó sin respuesta o dijo alguna barbaridad que lo haya hecho verse mal.
Extraño este debate mexicano. Debido a las reglas impuestas por la legislación y el Instituto Federal Electoral -y en cierto sentido por los partidos políticos mismos- no existió ese enfrentamiento verbal directo que se da en otros debates. Dentro de estas limitaciones a Peña Nieto le llovió fuego cruzado.
Y no podía ser de otra manera. Tanto López Obrador como Vásquez Mota estaban obligados a ir a la ofensiva. Según todas las encuestas, Peña Nieto llevaba una ventaja de alrededor de 15 o más puntos sobre el segundo (que a veces es Vázquez Mota y en otros días López Obrador). No extrañó entonces que tanto Vásquez Mota ignorara a López Obrador y viceversa. Ambos sólo tenían un objetivo: Peña Nieto.
El cuarto en el debate, Gabriel Quadri, del Partido Panal, tampoco nadie le hizo caso, aunque para hacerle justicia fue el que hizo las mejores propuestas (quizá la más controversial: eliminar el subsidio a la gasolina)
Los ataques de López Obrador se centraron en un par de ideas. Una, que los males de México tienen que ver con el grupo de poderosos que controla los destinos del país. Dos, que Peña Nieto es producto de la mercadotecnia y de la influencia de las cadenas de televisión, en especial de Televisa.
Y algo más: que esos mismos males de México se pueden resolver si el país acaba con la corrupción. Y que él por supuesto, promete honestidad a toda prueba. Poco de programas o políticas sobre como gobernar pero mucho de señalamientos sobre los “privilegiados” que viven “en la opulencia enmedio de la pobreza”.

Escrito por Carlos Rajo 

