Dia histórico el domingo. Con la aprobación por la Cámara de Representantes de la reforma al sistema de salud el Presidente Obama y su partido demócrata han logrado algo que por décadas otros mandatarios -tanto demócratas como republicanos- intentaron y nunca pudieron conseguir.
Debe quedar claro que para que el paquete de reformas y sus añadidos tengan vigencia hace falta un paso más en el complicado proceso legislativo, en este caso, que el Senado apruebe el anexo con las modificaciones a la ley principal. Asunto que no sera fácil y en el cual los republicanos seguiran dando la batalla no sólo para envenenar el debate sino para impedir la votación con cualquier clase de maniobra parlamentaria.
En todo caso, uno esperaría que los demócratas conseguirán su objetivo y pasarán la ley, o el anexo a la ley para ser más preciso. Y lo harán utilizando el procedimiento conocido como “reconciliación”, mediante el cual se pasa una ley con mayoría simple de 51 senadores. Esto generará más enojo de los republicanos quienes argumentan que el procedimiento es ilegal ya que el anexo debe de aprobarse con la mayoría calificada de 60 senadores.
Pero bien, asumamos para efectos del comentario que lo del domingo en la noche fue el acto central en este drama de la reforma al sistema de salud que ha durado meses y que ha polarizado al país de una manera pocas veces vista (el sábado se llegó al extremo de que opositores a la reforma -gente del llamado ‘Tea Party’- insultaran con epitetos raciales y sexuales a congresistas demócratas. A uuno de estos congresistas incluso le tiraron una escupida ).
Decíamos que es histórico por la razon de que presidentes demócratas como Harry Truman o Bill Clinton, o republicanos como Richard Nixon, trataron en su momento de reformar el sistema de salud y fracasaron. Lo de Obama y los demócratas hoy es aun más significativo si se tiene en cuenta que la sociedad está más divida, que los dos partidos politicos están más lejos que nunca en términos de encontrar posiciones comunes o llegar a acuerdos y que en general, hoy se vive un clima político en el cual pareciera no hay puntos medios o tolerancia para el adversario político.
No es hoy el momento de entrar al detalle sobre lo que significará la reforma al sistema de salud para cada uno de nosotros. Baste decir que en general para el que tiene seguro médico no habrán de inmediato mayores modificaciones. Para el que no tiene surge ahora al menos la posibilidad de que en unos años (dos o tres) pueda adquirir seguro a precio decente y con ayuda o subsidio del gobierno si es persona de bajos ingresos.
Y algo más: debe quedar claro que no son ciertas las acusaciones de los críticos de que la reforma al sistema de salud es la llegada del “socialismo”, el “totalitarismo” y un monton de sin sentidos más al mundo de la salud y el seguro médico en Estados Unidos.
Lo que ha se ha aprobado, aun cuando importante, no es nada radical. En esencia, el sistema de salud seguirá siendo el mismo, en el cual el seguro médico está basado en la mayoria de los casos en la relación laboral de la persona -el seguro viene como producto del empleo. Esto no es Canadá o Gran Bretaña, por citar dos ejemplos de otros países desarrollados, donde el seguro médico está controlado por el Estado.
Más importante por ahora es hablar sobre las consecuencias políticas del triunfo demócrata. El presidente y el liderazgo en el Congreso pusieron toda la carne al asador en esto de la reforma al sistema de salud. A partir de ahora se inicia una carrera contra el tiempo con el objetivo de convencer al electorado de lo positivo y necesario de la reforma (y los republicanos por supuesto, de martillar el sambenito de que todo es malo y que la reforma al sistema de salud traerá el fin del sistema médico y de seguro como lo conocemos).
Será el público el que dará el veredicto en noviembre -elección congresional- y en el 2012 -eleccion presidencial- sobre la reforma al sistema de salud. Por el momento quedémonos con algo que dijo el presidente en su mensaje de la noche del domingo luego del voto en el Congreso: con la reforma al sistema de salud no ha ganado ningun partido político, ha ganado el país todo.



Escrito por Carlos Rajo 




