Día intenso este de noticias sobre la violencia en México. Apenas terminábamos de enterarnos del ataque a la familia del marino que murió la semana pasada en la operación contra Arturo Beltrán Leyva cuando se informa que el mismo martes también mataron al Secretario de Turismo del Estado de Sinaloa.
En ese ataque contra la familia del marino murió nada menos que su madre, una hermana y otros familiares cercanos. La acción se dio en el Estado de Tabasco, en el Sur del territorio méxicano. Menciono este detalle geográfico simplemente para ilustrar lo extendido de la violencia en México y la amplia capacidad del narcotrafico para actuar en cualquier punto del país.
Tanto la muerte de la madre y demás familiares del marino, como lo del funcionario del gobierno de Sinaloa -crimen currido a plena luz del día en la capital del estado- hablan mal de la guerra contra el narcotráfico que lleva a cabo el gobierno mexicano del Presidente Felipe Calderón. En lo del marino, del error de haber hecho público su nombre una vez que había muerto. En lo del Secretario de Turismo, de la impotente que se muestra el mismo estado ante la tremenda capacidad operativa de los narcotraficantes.
Es claro que el Estado Mexicano no puede dar protección a todas las familias de los soldados, marinos o policías que participan en la guerra contra el narcotráfico. Lo que sí puede hacer es mantener discretos los datos de los que por alguna razón participan de algun incidente de relevancia pública -tal como el operativo donde murió Beltrán Leyva.
Es posible que nadie en el gobierno haya pensado mal. Que cuando se hizo público el nombre del marino se hizo con la mejor de las buenas intenciones de valorar su entrega al servicio de la nación y luego darle un homenaje. Los hechos por supuesto, demuestran que esto fue una ingenuidad o simplemente una metida de pata.
Es posible también que el narcotráfico haya roto uno de esos códigos no escritos en su guerra contra el Estado Mexicano, el de no tocar a las familias. O es posible que simplemente estén respondiendo a lo que consideran son precisamente violaciones a esos códigos de parte del gobierno. Valga recordar lo que se criticó en su momento de lo hecho por las autoridades con el cadáver del Beltrán Leyva -se le cubrió con billetes y artículos religiosos antes de ser fotografiado.
Lo del Secretario de Turismo es igual de grave. El mensaje que los narcotraficantes envían a la sociedad es que nadie está a salvo, ni siquiera los funcionarios que se movilizan en potentes vehículos -a menudo blindados- y con los siempre presentes guardaespaldas o “guaruras”. En este caso, el desafío o mensaje de los narcos es claro: pueden golpear con impunidad a los mismos altos funcionarios de ese estado que los combate.

Escrito por Carlos Rajo 


