El triunfo en Chile de Sebastian Piñera, el candidato conservador o de “derecha” -como invariablemente se le menciona en los medios internacionales- ha causado tristeza y desilusión en muchos círculos de izquierda, intelectuales y similares de América Latina y otras regiones del mundo.
Desde la distancia cuesta creer que esa misma sociedad que un día tuvo la valentía de decir no a Pinochet -en un plebiscito convocado por él mismo- hoy lleva al poder a fuerzas políticas que aunque con diferencias en tono, modo de pensar y actuar, sin problemas se sentarían en la misma mesa con el dictador chileno.
Más allá de que uno entienda estos lamentos de muchas de las fuerzas progresistas del mundo sobre lo sucedido en Chile en la elección presidencial del domingo, creo que es importante poner atención en lo positivo del proceso electoral chileno.
Quien quiera enterarse de las causas por las que fue derrotada la Concertación de centro-izquierda que ha gobernado Chile por los últimos veinte años puede leer varios buenos artículos que se han publicado en varios lugares del mundo.
Se habla para el caso, de que ya era hora de que hubiera un cambio de gobierno, que se había cumplido un ciclo, que el candidato oficialista no era bueno y que hay toda una nueva generacion de chilenos de clase media para los cuales importa menos la ideología que su situación personal.
Que la Concertación se había dormido o anquilosado en el poder y que en consecuencia llegó dividida a la elección ya que un importante sector joven critica a la generación mayor, en fin, muchas causas que sin duda explican la derrota de Eduardo Frei.
Cuando hablo de lo positivo me refiero a varios elementos:
- El cambio democrático. Nadie en Chile ha cuestionado el resultado de la elección y aun cuando es un cambio histórico en el sentido que el poder pasa de la izquierda a la derecha nadie por un instante piensa que el país se desplomará o que habrá conflicto (aunque algo similar paso el año pasado en El Salvador, lo de Chile es más institucional).
- Una nueva derecha. Las fuerzas políticas que están detrás de, o con Piñera, no son los mismos “momios” -por utilizar un término sudamericano- que acompañaron el golpe de estado de Pinochet en 1973. La de Piñera -o al menos él o la mayoría de quienes forman su círculo cercano- es una derecha moderada, una derecha que entiende que no se puede gobernar únicamente para favorecer a los amigos ricos y/o los grandes interes económicos del país (esta sería una de las grandes diferencias con lo de El Salvador, donde la derecha de ARENA sigue siendo tan absolutista en su credo ideológico como lo era durante la guerra civil en el país centroamericano).
- No habrán cambios dramáticos. Como resultado del punto anterior, nadie en Chile espera que esta nueva coalición en el poder traerá cambios fundamentales en la estructura económica, social y política del país.
Ojala que el tiempo no nos haga ver en ridículo por lo dicho aquí (hay que decirlo, hay un sector de la coalición de Piñera que sigue siendo Pinochetista; uno simplemente esperaría que será el Piñera de la moderación el que prevalecerá y no ese sector ‘duro’ de la derecha chilena). Ojala que esta derecha chilena en efecto cumpla con lo que ha dicho que hará una vez en el poder, que es gobernar con criterios de eficiencia y sentiido común y no con fanatismos ideológicos o estrechos intereses empresariales.
Ciertamente que hace falta en latinoamérica una derecha estudiada, moderna, que deje de ver el mundo dividido entre buenos y malos. Una derecha que entienda que no se puede gobernar con la idea de aplicar un capitalismo salvaje o asuzando con el fantasma del comunismo a la vuelta de la esquina.
De hecho, esta derecha chilena es la que se ha desarrollado y tenido el control de la economía del país bajo los gobiernos de centro-izquierda. La diferencia ahora es que también tendrá las riendas del poder político.
Se ha cumplido un ciclo en Chile. Las fuerzas de centro-izquierda tuvieron su oportunidad. Gobernaron por veinte años y no lo hicieron mal. Es simplemente que el poder los desgastó. Un tanto similar a lo que sucedió en la España de la transición con Felipe González -guardando las distancias por supuesto, ya que la gestión de la Presidenta Bachelet no ha estado empañada por acusaciones de corrupción o abuso de poder. Pero si así fuera, si pasara como en España,esta izquierda chilena debería de volver al poder en un futuro cercano.

Escrito por Carlos Rajo 
