Por fin una buena noticia en el tema de la reforma migratoria. Los senadores Charles Schumer, demócrata de New York y Lindsey Graham, republicano de Carolina del Sur, han hecho público las líneas generales de su proyecto de reforma migratoria.
En un artículo de opinión que publica el diario The Washington Post los dos legisladores le ponen nombre y apellido a algo de lo que se venía hablando pero que no era oficial: será del Senado de donde saldrá el próximo proyecto de ley de reforma migratoria y serán Schummer y Graham los que encabezarán la iniciativa.
Y aun mejor -en términos de posibilidades de que sea aprobado-, tal proyecto tiene ahora al menos a un senador republicano a bordo.
Que quede claro, lo de los dos senadores es apenas el inicio de un largo camino lleno de obstáculos. No hay que cantar victoria por anticipado y pensar que el asunto ya se cocinó. El plan de Schumer y Graham puede volar en pedazos en cualquier momento.
Que coincidencias que el anuncio del plan de los senadores se da cuando está por realizarse en Washington D.C. la gran marcha pro reforma migratoria del próximo domingo. Supongo que los senadores hicieron público las grandes pinceladas de su plan de reforma antes de la marcha para que no los acusaran de que estaban repondiendo a las presiones originadas por la protesta.
Pero bien, analizemos un poco lo del plan de Schumer y Graham.
El plan va al corazón de lo que más le preocupa a la población inmigrante: ¿qué hacer con los millones de indocumentados? Palabras más palabras menos, con requisitos aquí con requisitos allá, el punto es que el plan de los senadores acepta que habrá legalización para esta poblacion indocumentada (en otra entrega tocaremos en detalle lo que se les exigirá a los indocumentados Ej.: que paguen impuestos de años anteriores, que dominen cierto inglés, etc.)
Otros de los elementos del plan son:
- El establecimiento de una tarjeta de identidad. Todo el mundo (ciudadanos, residentes, gente con permiso temporal de trabajo) deberá adquirir esta tarjeta la cual deberá ser presentada al momento de buscar trabajo. Además del nombre y datos generales, la tarjeta tendrá un elemento “biométrico” (no queda claro si será algo del iris, de las venas de la mano o alguna otra cosa) que la hará prácticamente imposible de falsificar y con la cual se garantizará que la persona que la porta está autorizada a trabajar en USA.
- Aumento de seguridad en la frontera. Lo mismo de lo que se ha venido hablando en los últimos años (tema favorito del presidente Bush y los republicanos) de contratar más agentes de la “migra”, de levantar muros -reales y virtuales- y en general de lograr lo que llaman “el control de la frontera”. Igualmente, el hacer cumplir la ley migratoria internamente (multar al empresario que contrate a indocumentados, detener y deportar a indocumentados, etc.)
- La creación de un programa de trabajadores huéspedes. Cada año ingresarán al país cierto número de trabajadores los cuales en teoría no vendrán a quedarse sino únicamente a trabajar cierto tiempo y luego regresarse a su país de origen. En algunos casos podrán solicitar su estadía permanente.
- Dar tarjeta de residencia permanente a gente calificada. Esto es algo que se da como concesion a los críticos de la reforma migratoria para que vean que el plan no sólo beneficia al indocumentado “de a pie”, sino también al potencial inmigrante de la academia. Quienes estudien aquí en una universidad y obtegan su maestría o doctorado (P.h.D) en áreas de ciencias, matemáticas o similares podran solicitar la preciada “green card”.
En otro escrito comentaremos más a fondo cada una de las partes del plan. Por fin todo esto sera ficción y puros buenos deseos si el domingo los demócratas no logran pasar en el Congreso la reforma al sistema de salud. Si lo consiguen, se abre la puerta para que se inicie la discusión en Washington y en el resto del país sobre lo bueno y malo del plan de los senadores.
Adelantemos un par de potenciales problemas: Graham ha dicho que retirará su apoyo si los demócratas pasan el plan de salud en el Senado mediante el procedimiento llamado “reconciliación” (con sólo 51 votos en lugar de 60). Ha dicho también que no dará su apoyo al plan de reforma migratoria si el liderazgo demócrata no convence a al menos un senador republicano más a que se suba al tren de la reforma. De nuevo, un campo minado por atravezar antes de cantar victoria.
Por el momento, hay que enfocarse en lo positivo. Que bueno que el plan está en la discusión pública y que se realizará la gran marcha el domingo.


Escrito por Carlos Rajo 

