El triunfo de Josefina Vásquez Mota en la primaria del gobernante Partido Acción Nacional (PAN) marca no sólo un hito histórico en la política mexicana ya que es la primera vez que una mujer será candidata presidencial, sino también inyecta entusiasmo y competencia en una elección que según las encuestas debería de ser ganada fácilmente por el Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Lo de Vásquez Mota es loable. Es no sólo el dato histórico, sino como consiguió la victoria. Aun cuando nunca se aceptó oficialmente, era secreto a voces en la opinión pública mexicana que la política panista, casada y madre de tres hijas, no era la favorita del Presidente mexicano Felipe Calderón. El mandatario veía como su sucesor y heredero político a Ernesto Cordero, ex Secretario de Hacienda y quien terminó en un lejano segundo lugar en la primaria (54% para Vásquez Mota y 38% para Cordero).
Para superar esta indiferencia -sino es que oposición del mandatario y el aparato gubernamental a nivel federal- Vásquez Mota fue directo a las bases panistas, quienes al final fueron las que votaron. Y decimos federal, porque tanto a nivel de estados como de mandos medios en la burocracia, Vásquez Mota tuvo apoyos importantes.
Esta es una de las características del “nuevo México”: un sistema político donde el Presidente ha dejado de ser el presidente-emperador que era antes. Ahora los gobernadores de los estados actúan de manera autónoma velando por sus propios intereses más allá de lo que decida el poder central en la mansión presidencial de Los Pinos. Darle apoyo públicamente a Vásquez Mota era ir claramente en contra de los designios presidenciales.
Al final de la jornada del domingo los panistas por supuesto intentaron presentar una cara de unidad. El propio presidente apareció en la foto con Vásquez Mota junto a los dos pre candidatos perdedores (el tercero fue Santiago Creel, Senador y ex Secretario de Gobernación). Más allá de la foto feliz sin embargo, tanto Calderón como Vásquez Mota tendrán grandes desafíos de cara a la elección del 1 de julio.
El presidente Calderón deseará no sólo lo obvio -que la candidata gane- sino también que una vez en la presidencia mantega lo que ha sido la principal política de su gobierno: la lucha frontal al narcotráfico. Vásquez Mota por su lado, deberá marcar cierta distancia de Calderón o al menos del PAN. Sucede que la mayoría del publico mexicano le baja el pulgar a lo que ha sido la administración panista aunque al mismo tiempo aprueba por ligera mayoría la gestión personal de Calderón.
En términos de la elección de julio lo de Vásquez Mota será cuesta arriba. Aun cuando de seguro ganará algunos puntos en estos días por el ruido que ha generado su victoria, por meses todas las encuestas la han ubicado muy lejos del candidato priísta Enrique Peña Nieto (desde 12 hasta 20 puntos porcentuales) en las preferencias del público. Y muy cerca de ella se coloca el candidato de la izquierda Andres Manuel López Obrador. Lo de ser mujer ayuda sií pero hasta el momento no ha sido suficiente para preocupar a Peña Nieto.
Por lo que hasta ahora ha mostrado, Vásquez Mota tiene un largo camino por recorrer. Sus debates en la primaria panista fueron aburridos por decir lo menos, acartonados según muchos y faltos de propuestas que deveras conectaran con la realidad diaria y preocupaciones de los votantes. En múltiples entrevistas e intervenciones públicas Vásquez Mota ha mantenido una tónica de vaguedad, siempre con la misma sonrisa en su rostro y nunca abordando en serio ese punto nodal de la politica mexicana actual: qué hacer con el narcotrafico? Se continúa con la política de Calderón o se plantea una alternativa?
Pero como decíamos arriba, que bueno que los panistas han escogigo candidato(a). La elección presidencial parecía un camino pavimentado para Peña Nieto. Ojala que ahora que están los tres candidatos se inicie una verdadera discusión de las políticas, asuntos y temas que marcan la vida de los votantes. Se necesita más que la eterna sonrisa de Vásquez Mota, la figura impecable -copete incluido- de Peña Nieto o las promesas de una república amorosa de López Obrador. Histórico sí lo de Vásquez Mota, pero pendiente de aterrizarlo en la tormentosa realidad mexicana.

Escrito por Carlos Rajo 


