El acribillamiento a balazos el fin de semana pasado de quince jóvenes en Ciudad Juárez ha generado tales reacciones de enojo y condena que pareciera que el crimen ha tocado una fibra especial en la opinión pública mexicana.
Aun cuando es de casi todos los días que los mexicanos se desayunan con noticias de asesinatos, cadáveres en las calles e incluso hasta decapitaciones -hoy por cierto aparecieron seis en Apatzingán, Michoacán-, y en este sentido lo de Ciudad Juárez debería de haber sido una estadística más, la muerte de los jóvenes ha sido como la gota que deramó el vaso. Y no sólo por la reacción de la sociedad civil de Ciudad Juárez, sino por la reacción del gobierno de Felipe Calderón el cual no supo medir la magnitud de la tragedia y los ánimos de la gente en la ciudad fronteriza.
Entre las reacciones de la sociedad civil de Juárez destaca el llamado a que las Naciones Unidas envíen los llamados “cascos azules” para que den seguridad a la población. Estas son las fuerzas de paz que la ONU manda a los lugares donde hay guerras y otros conflictos civiles.
Aun cuando por supuesto que no son todos los juarences quienes lo piden y también por supuesto, el gobierno central en México ni en sueños lo aceptará, el solo hecho de que sectores de la sociedad civil mexicana pidan algo que va en contra de algo que define la nacionalidad mexicana -el no aceptar tropas u cualquier intervención extranjera-, es signo de la desesperación que se vive en Ciudad Juárez.
Parte del enojo y frustración de la gente en Cuidad Juárez tiene que ver no sólo con esta desesperación ante los crímenes, sino en el caso particular de la matanza de los jóvenes, con la respuesta inicial del gobierno mexicano, comenzando con lo dicho por el propio presidente Calderón. En esencia, lo que el gobierno y el presidente dijeron fue que lo de los jovenes habia sido un simple ajuste de cuentas entre narcos. Que los muertos eran miembros de una supuesta pandilla llamada “Los Artistas Asesinos (AA)”.
Al ir pasando los días y al ver que la sociedad civil en Juárez seguía protestando -la madre de uno de los muertos para el caso pidió que el presidente pida una ‘disculpa pública’- y que la prensa nacional y los políticos en la capital del país continuaban hablando del tema, Calderón anunció el jueves que habrá una nueva política de seguridad para Ciudad Juárez. Y lo más importante, que se consultará con los mismos habitantes de la ciudad para determinar el diseño y alcances de esta nueva política.
Llama la atención lo dicho por Calderón. Es primera vez que se consultará con la sociedad civil de Juárez, la cual por supuesto nunca fue tomada en cuenta cuando el mandatario decidió por si solo iniciar su llamada “guerra contra el narcotráfico” o cuando decidió enviar más de ocho mil soldados a la ciudad fronteriza.
No se intenta aquí hacer un análisis a fondo de la estrategia de guerra de Calderón contra el narcotráfico, baste decir que en el caso de Ciudad Juárez es válido preguntarse: cómo es posible que con esos ocho mil soldados en las calles, más la fuerzas de seguridad del estado más la policía municipal, puedan suceder actos como la matanza de los jóvenes? Si hay tantos retenes y vigilancia en Ciudad Juárez ¿cómo es posible que los narcos, pandilleros o como se les quiera llamar se muevan como Juan por su casa en horas de la noche y maten con toda la impunidad del mundo?
Ojala que lo anunciado por el gobierno mexicano sobre Ciudad Juárez sea sincero. Que en efecto se consulte a la sociedad civil sobre qué hacer ante el problema de seguridad. Y por supuesto, al aceptar tácitamente que se ha fracasado en Ciudad Juárez en lo de la guerra al narcotráfico, da pie para pensar sino será que ha llegado el momento de precisamente replantearse la estrategia de guerra contra el narco en todo el país.
Escrito por Carlos Rajo 


