Biden dio la batalla a Ryan; el VP consiguió cambiar la narrativa de la campaña

12 octubre 2012

No les tienen respeto a los republicanos.El Vice Presidente Joe Biden respondió a las expectativas del debate con su rival republicano Paul Ryan: tenía que ir a la ofensiva, no podía dejar pasar sin responder ninguno de los ataques contra la Administración Obama, y más importante, tenía que borrar de la conversación nacional el mal papel de Barack Obama en el debate de la semana pasada.

Lo que no queda claro es si Biden ganó el debate, al menos con ese segmento de votantes independientes o indecisos que al final de cuentas decidirán la elección.

El punto es que Biden ganó en la mayoría de los casos la batalla de los argumentos, pero se vio mal en su trato a Ryan. Durante buena parte del debate el vice presidente mostró una sonrisa burlona e interrumpió con frecuencia al congresista republicano.

Sí, es pura imagen, pura televisión, dirá alguien, nada que ver con los asuntos reales de política. Pero es de necios ignorar estos factores, particulamente entre esos votantes indecisos que ven la política desde la distancia y les molesta que los políticos en Washington ocupen más el tiempo en atacarse que en resolver problemas.

De seguro también que esos mismos gestos de Biden que sugerían una falta de respeto a su rival o falta de cortesía, habrán sido bien vistos por las bases demócratas. Para estas lo de Biden habrá sido una respuesta natural de alguien que no puede creer lo que está diciendo el adversario. Esa sonrisa de Biden hizo recordar de alguna manera al Obama del anterior debate con Romney. Pareciera que los demócratas tienen este problema con los republicanos: no los respetan y se burlan o les cuesta tomar en serio lo que estos dicen (muchas veces por supuesto, porque no es cierto de lo que hablan).

Pero este era uno de los objetivos de Biden, hacer que las bases demócratas salieran de ese agujero negro en que los metió Obama con el debate presidencial. Biden no dejo pasar una, bien sea en los temas de política exterior (Libia, Siria, Irán, Afganistán) o en temas de política doméstica como Medicare (el programa de seguro médico para la gente mayor), los impuestos y el aborto, tema este por cierto en el cual Biden se anotó importantes puntos de cara al voto femenino.

Nos estamos extendiendo en Biden debido a que fue quien tuvo el papel protágonico si se quiere, pero la verdad es que Ryan se plantó como debía ser y al menos con las bases republicanas salió bien. En este tema que hablabamos del aborto Ryan dijo cosas que caerán muy bien con las bases pero que son a lo menos controversiales con el resto de la población. Y nada de otro mundo, es la posición republicana que se conoce: no al aborto (con unas pocas excepciones como violación, peligro a la vida de la madre, etc.) y lo más importante y potencialmente dinamita en el resto de la campaña si es explotado por los demócratas: que la Corte -jueces que ‘no han sido electos’- no tiene nada que hacer en estos asuntos del aborto. Como se sabe, la razón por la cual el aborto es legal en Estados Unidos es por una decisión de la Suprema Corte de Justicia.

Hubo discusión sustantiva también en temas como el Medicare y los impuestos decíamos. El Medicare porque es uno de los temas donde Ryan ha dicho más en el pasado. Biden consiguió su objetivo de remachar la idea de que Ryan y el candidato Mitt Romney literalmente terminarán con el programa de Medicare como hasta hoy existe (donde los beneficiados reciben atención médica sin restricciones de costo y el seguro gubernamental lo paga). Ryan trató de defenderse con lo que ha sido su punto central en el tema, que asi como con el programa de Seguridad Social, no hay fondos para seguirlo pagando y que por eso es necesario reformarlo.

El problema con muchos de estos temas -incluido tambien el de los impuestos- es que son muy técnicos y la discusión con frecuencia se va a los terrenos de los especialistas o profesionales de la política con lo cual el gran público se pierde en los detalles. De nuevo, digamos que en materia sustantiva Biden ganó la mayoría de estos intercambios, aunque en ninguno Ryan hizo el ridículo o se vio mal (quizá la excepción haya sido en lo de Afganistán donde el congresista criticó el plan de Obama de salida de las tropas pero no dijo cuál era su propuesta alternativa). Pero otra cosa es en la batalla de las imágenes. Cuesta borrar de la mente la sonrisa burlona o las interrupciones frecuentes de Biden.

En uno de los temas que a Biden se le movió el piso fue en el del ataque al Consulado de Estados Unidos en la ciudad libia de Bengazi donde murió el embajador y varios empleados más. Aun cuando Biden trató de cambiar el enfoque -hablando de los logros de la Administración en haber matado a Bin Laden y demás- el punto es que Ryan consiguió meter la idea de que todo se debió a una falta de seguridad en el Consulado, palabras menos palabras más, a una deficiencia del gobierno de Obama.

Lo de Libia dio lugar a una interesante discusión sobre el rol de Estados Unidos en el mundo. En la visión republicana, mucho del desorden e inestabilidad que hoy pasa en el Medio Oriente no es casualidad, es producto de una política exterior débil de la Administración Obama que le ha bajado el perfil a la presencia de Estados Unidos. Una política exterior que no es suficientemente vigorosa bien sea en parársele de frente a Rusia en el problema sirio o a los iraníes para que dejen su programa nuclear.

La respuesta de Biden fue por supuesto negar que haya una supuesta debilidad de Estados Unidos. Que en lo de Irán las sanciones están funcionando, que además es lo que quiere la comunidad internacional. Que no es cierto que haya diferencias entre Estados Unidos e Israel en el tema. Y que en lo de Siria no hay mucho mas que se pueda hacer considerando lo explosivo que es el tema, entre otras cosas por el lugar donde está ubicado Siria y los peligroso que sería para los paises vecinos si hay una explosión o inestabilidad mayor.

A diferencia del debate entre Obama y Romney donde el moderador intervino poco, en el de los candidatos a vice presidentes la moderadora Martha Raddatz tuvo un papel más prominente, particularmente en los asuntos de política exterior que es su especialidad. Fue ella la que presionó a Ryan a que dijera en qué se diferenciaba el plan de Romney/Ryan sobre Afganistan del de la Administración Obama. Ryan se vio dudoso, sugiriendo, sin decirlo abiertamente, que era un error sacar las tropas para el 2014, aunque al final aceptando que estaba bien.

Para el récord, como no se hizo en el primer debate, tampoco el jueves se habló del tema de inmigración. Esperemos que alguien del público que hará las preguntas en el próximo debate presidencial traiga el tema a la discusión.

Como decíamos, era Biden quien tenía más presiones y en general cumplió su tarea. Más allá de si gano el debate -un debate vice presidencial nunca ha definido una elección- lo que consiguió fue parar la sangría en la campaña de Obama. En otras palabras, cambiar la narrativa de la elección.

Desde el jueves de la semana pasado casi toda la conversación alrededor de la campaña ha sido la enormidad de la derrota de Obama ante Romney. A partir de ahora al menos, se volvera a hablar de las expectativas sobre el próximo debate. Biden, aunque le haya caido pesado a algunos que no les gusta la pelea, que un rival interrumpa o se burle del otro, y que en general quieren una competencia poíitica más cortés, hizo lo que tenía que hacer. Lo enviaron a dar la batalla y cumplió su cometido. Las bases demócratas lo celebran. Si movió voluntades en alguno de los estados como Ohio, Florida, Colorado o Nevada que pueden irse con uno u otro candidato, esa es otra historia.


Romney gana primer debate; Obama se vio mal

4 octubre 2012

Mitt Romney consiguió lo que buscaba en el primer debate presidencial: ir a la ofensiva, hacer ver mal a su rival, el Presidente Obama, y conseguir conectarse con el público televidente.

En una frase, el candidato republicano ganó el debate. Y lo ganó casi por nocaut. El “casi” es porque no hubo un momento espectacular o especial que definiera la batalla entre los dos aspirantes a la presidencia. Pero más allá de este detalle, Romney ganó porque fue mejor a lo largo de la hora y media del debate en Denver.

No solo se le vio presidenciable, es decir como alguien al que le quedaría la camiseta de mandatario, sino además, metido en el debate, un Romney disfrutando del intercambio verbal y lo más importante, cómodo en el personaje de Romney mismo. Una de las cosas que más se le criticaba al exgobernador de Massachusetts era que parecía incómodo con su riqueza, con sus orígenes, con su rol como ejecutivo de éxito, en fin, con ser Romney. En el debate del miércoles apareció un Romney suelto, seguro y sin pena por lo que es.

Sobre Obama cuesta entender qué paso. El presidente se veía como alguien que deseaba estar en otro lugar. Que como el debate era una simple obligación que cumplir y que le molestaba tener que escuchar y rebatir lo que decía Romney. Parecía que era el Obama profesor universitario exasperado por la necedad o lo que a su juicio eran falsedades o sin sentidos de su rival.

Por cierto, a medida que pasen las horas y días se hablará más de muchas de las cosas que dijo Romney y en efecto se verá que a menudo se torció un tanto la verdad. Bien sea en temas como su plan de recorte de impuestos, la manera de cómo reducir el déficit o sobre cómo reformará el plan de seguro médico para la gente de mayor edad, Romney dejó dudas en el aire -por decirlo de una manera elegante. Pero muchas veces en un debate esto no es lo importante, y el miércoles fue una de esas ocasiones. Al menos en las reacciones iniciales luego del debate se valora más la impresión que dejo el candidato que se ve como ganador que los detalles de lo que dijo.

Y esto de seguro explicará un tanto la actitud de Obama. El presidente dio la impresión de ser ese profesor de que hablamos al que le molestaba que Romney insistiera con temas que a juicio de los demócratas, y en algunos casos de estudiosos independientes, no cuadran -’eso es aritmética’, dijo en algun momento Obama ante la falta de lógica en los números del plan de Romney para cortar impuestos sin aumentar el déficit- o en la visión del mandatario son simplemente malas politicas (por ejemplo, la de derogar la Ley de Salud).

El problema por supuesto, es que al mostrarse impaciente o sin energías para rebatir al adversario básicamente se le esta cediendo la ofensiva y la cancha al contrincante. Y Romney lo aprovechó. Atacó cuantas veces pudo al presidente en lo que ha sido el principal flanco débil del mandatario: la no creación de suficientes trabajos. Literalmente en cada tema que hablaba, Romney terminaba relacionandolo con la falta, o en su caso -por las cosas el haría si ganara-, la creación de trabajos. Fue de lejos, el mejor debate de todos los que ha tenido Romney desde que inicio su larga campaña presidencial participando en las primarias republicanas.

Sólo Obama obviamente sabrá por qué actuó como lo hizo. Por qué parecía como apagado y por qué nunca desafió o atacó de manera directa y frontal a Romney. No hay que ser gran estratega político para preguntarse por qué el presidente no trajo a la mesa de discusión cosas como lo que dijo Romney en el famoso video secreto con sus donantes ricos (de que el 47% de la gente no paga impuesto de la renta y que son unos vividores de la caridad gubernamental). Lo mismo que los vínculos de Romney con la compañía Bain (donde él fue el principal ejecutivo cuando cerraron fábricas y despidieron gente sin tocarse el corazón) y sus cuentas bancarias en el extranjero.

Una explicación pudiera ser que Obama deseaba mantener la dignidad de la figura presidencial y no entrar a un debate de ataques y acusaciones. Lo irónico de esto es que así es como precisamente se le vio al mandatario en el debate: tal como ha venido hablando estos últimos tres años y medio al público, desde un púlpito presidencial en donde no se ve bien que se enoje o que muestre agresividad. El problema es que las reglas no escritas de un debate en una campaña política son diferentes de los protocolos presidenciales.

Obama incluso se vió mal en su lenguaje corporal. A menudo tenía su rostro agachado cuando Romney hablaba. Cuesta creer que ese Obama político de noche y día necesitara ver sus apuntes para responder a lo que decía Romney. Más parecía un gesto-pretexto de esos que le salen a alguien de manera espontánea cuando está incómodo en una situación o no tiene respeto o paciencia por el interlocutor.

Romney por su parte, no sólo casi siempre miro de frente a Obama, sino que además mostró un rostro equilibrado entre seriedad cuando era necesario y sonrisa para conectarse con el público y ablandar sus facciones. Es posible que en una noche de debate Romney haya conseguido algo que todo el mundo coincidía no había consegudio en años: conectarse con la gente.

En vez del Romney robótico, duro, y sin sentimientos que se conocía, hoy aparece un Romney que no ofende que entre como posible presidente a travez de las pantallas en la sala y/o dormitorio de millones de televidentes. Nada del otro mundo por supuesto en cualquier político que se respete, pero si importante en un Romney que aun luego de mucho de tiempo de andar en campaña no lograba hacer la famosa empatía con el público que tanto se quiere hoy de los políticos.

Se había dicho que si Romney no ganaba el primer debate corría el riesgo de dar por terminada la elección ya que se confirmaría la narrativa de que el triunfo de Obama era inevitable. Hoy lo que se tiene es una verdadera competencia electoral. Falta por supuesto que la gente, los comentaristas y demas que forman opinión terminen de formarse un juicio sobre los resultados del debate.

Como decíamos, es posible que se golpee a Romney por muchas de las cosas que dijo y que por supuesto, la campaña de Obama se lanze a la ofensiva. Es más, aun con este foco nuestro en lo de las impresiones sobre el debate, lo cierto es que si hubo discusión sobre lo que son dos proyectos de país diferentes. Siguen habiendo serias diferencias en las políticas de cada candidato y de seguro que se seguirá hablando de estos temas. Pero por ahora al menos, a casi un mes de la eleccion, lo que tenemos es otra campaña presidencial. Romney está ahí, nuca a nuca con Obama.


Romney: los latinos un peligro para la nación si siguen votando demócrata

19 septiembre 2012

El candidato republicano Mitt Romney piensa que si los latinos siguen votando en grandes números por los demócratas, el partido republicano estará en problemas. Cierto. No es posible ganar elecciones sin una parte importante del voto latino. Pero Romney también cree que la nación tendrá un problema si estos latinos se convierten en un bloque seguro de votantes a favor del partido del presidente Obama.

Estas ideas de Romney se han conocido por un video filmado en secreto en mayo pasdo donde el candidato aparece hablando ante un grupo de donates millonarios a su campaña. El video fue hecho público por la revista Mother Jones y desde su aparición entrada la noche del lunes ha generado una intensa atención tanto sobre la campaña de Romney como sobre el contenido de las palabras del candidato.

Además de la referencia a lo de que los latinos sean “un peligro para la nación” debido a sus preferencias electorales, Romney habló de que hay en el país un 47% de gente que más allá de cualquier circunstancia votarán siempre por Obama.

Gente esta, sigue Romney según muestra el video, que “depende del gobierno”, que cree “que son víctimas” y quienes además, “creen que el gobierno tiene una responsabilidad para cuidar de ellos, quienes creen que tienen derecho a cuidado médico, a comida, a vivienda, ustedes digan…”

Gente por fin, añade Romney, “que no paga impuesto sobre sus ingresos”.

No queda claro a qué se refiere Romney cuando habla de que los latinos serán un peligro para la nación por votar mayoritariamente demócrata. En la única oportunidad de que la prensa le preguntara -una apresurada conferencia de prensa el lunes en la noche en reacción al video- , Romney se limitó a explicar que todo lo dicho ese día “no fue puesto de manera elegante”. Que estaba hablando apresuradamente ante una pregunta de la audiencia. “Estoy seguro que lo puedo decir más claramente y de una manera más efectiva”, aseguró el candidato.

En el pasado han habido voces de tinte conservador hablando de este supuesto peligro que representa el universo de la población latina en Estados Unidos. La idea es que esta es gente que nunca terminó de asimilarse por completo a la nación y que por conservar su idioma, sus costumbres y en general su identidad cultural -y en este caso su preferencia por el partido demócrata- son un peligro, por utilizar el término de Romney, para el futuro de la sociedad estadounidense.

Ojala que en algún momento de lo que resta de la campaña presidencial el candidato republicano explique con más detalle a qué se refiere con esto de que los latinos son un peligro para la nación. Particularmente en momentos en que su campaña había iniciado una ofensiva mediática -entrevistas a medios de prensa en español y demás- para acercarse a los votantes latinos. En ese mismo video, Romney aparece diciendo un par de bromas sobre que si su padre, quien nació en México en una colonia mormona, hubiese sido de padres mexicanos, él tuviera ahora más posibilidades de ser presidente.

De nuevo, no queda claro cuál es el exacto significado de la broma. Uno pensaría que se está refiriendo al hecho de que ser de origen mexicano le da a la persona ciertos privilegios que no tiene el resto. Esta también es otra tesis que normalmente es aceptada en los círculos conservadores como crítica a lo que consideran son beneficios que se obtienen por el simple hecho de ser miembro de una minoría, en este caso, el ser latino.

Hablando de beneficios, volvamos a la otra parte de lo dicho por Romney en el video, la cual ha sido la que más controversia le ha generado entre el comentariado de la prensa en inglés. Sucede que lo dicho por Romney sobre ese 47% de gente es no sólo ofensivo sino que inexacto.

Ofensivo, porque el comentario tiene un tufo de menosprecio hacia gente que según el candidato republicano se aprovecha de la caridad del gobierno. Inexacto, porque no es cierto que este 47% de gente no pague impuestos.

Si es que no pagan impuesto sobre sus ingresos es porque ganan muy poco, pero ciertamente que si pagan otros impuestos como el impuesto a lo que compran, el impuesto sobre su salario, el impuesto al estado y municipalidad donde viven y otras serie de impuestos directos o indirectos que paga todo el mundo por el simple hecho de vivir en Estados Unidos y participar en la economía.

Un ejemplo de estos que ganan poco y que por ello no pagan impuesto de la renta o sobre el ingreso, es el de una pareja con dos hijos que gana un poco menos de $27 mil dólares al año. Esta pareja, según un estudio del respetado Centro de Políticas de Impuestos (Tax Policy Center por su nombre en inglés), no paga impuesto sobre ese ingreso debido a que con las deducciones que le da la ley compensa lo que le tocaría pagar. O sea, no es que esta familia sea vividora y se aproveche de la vaca estatal, es simplemente que gana muy poco para pagar impuesto sobre su ingreso.

No hay que olvidar también, que muchos de los que hoy forman parte de ese 47% de que habla Romney están ahí debido a las consecuencias de la crisis económica de los últimos años. Gente que se quedó sin trabajo, que sigue desempleada o que hoy trabaja en algo que le paga mucho menos de lo que ganaba antes, en fin, gente que quizá nunca antes en su vida había recibido ayuda del gobierno.

Pero además, mucha de esta gente de la que Romney habla no son las minorías y demás bases demócratas a las que él se refiere. Mucho de este 47% de la población que recibe algún tipo de ayuda del gobierno o que no paga impuesto sobre el ingreso -de nuevo, porque ganan muy poco- son gente blanca que simplemente es pobre. Gente que reside en estados que votan republicano y que de seguro votarán por Romney. Incluso, hay mucha gente mayor que no paga impuesto sobre su ingreso porque están jubilados y reciben poco dinero de pensión, gente que precisamente según las encuestas dicen que prefieren a Romney.

Esto de Romney en el video no es nuevo en el discurso republicano. Es más, hay muchos latinos conservadores que también repiten esta acusación de que la gente pobre y demás -estudiantes, incapacitados, ancianos, trabajadores de salario bajo, etc.- se aprovechan siempre del gobierno. Que su único interés es ver como sacan más de la caridad pública.

Más allá de que quizá haya gente que en efecto se aprovecha de los beneficios estatales, lo cierto es que los millones de pobres que existen no lo son por que les guste o porque sean holgazanes. Es la realidad económica del país la que en gran medida los tiene en esa situación y como se dijo, aun así pagan impuestos.

Volviendo a lo del menosprecio que uno huele en las palabras de Romney ante sus donantes millonarios, hay al menos un par de comentarios que añadir. Uno, que la visión republicana -o la de Romney- ignora la realidad económica del país. Si en los últimos años por ejemplo, ha habido más gente que ha ingresado en las listas de familias que reciben cupones de alimentos, esto ha sucedido no porque la gente lo desee. Se ha dado por simple necesidad. Alguien que perdió su casa y/o su trabajo, está en la calle no por decisión propia. Tiene que ver como le da de comer a sus hijos y punto. Lo demás es verso.

Y dos, que es triste también -aunque supongo más para el partido republicano mismo- que Romney vea a ese 47% como perteneciendo a otro mundo. Un 47% según él, al cual los republicanos no pueden tocarlo en términos de atraerlo a su esquina. El mensaje para esta gente entonces es: o se quedan en ese mundo de dádivas del gobierno y les haremos la vida imposible -alguien se acuerda de la propuesta republicana de cortar los fondos para los programas sociales como los cupones de alimentos, y otros-, o se alinean y ven como mejorán su situación económica y dejan de recibir el cheque del gobierno.

Deciamos que Romney habia iniciado el lunes una ofensiva para coquetear con el votante latino. Con lo sucedido lo menos que puede pensarse es que la ofensiva se ha descarrilado. Hay ahora más dudas e interrogantes sobre si Romney de verás entiende a los latinos. ¿Cómo los ve? ¿Es que piensa que todos son unos vividores que únicamente andan tras las supuestas prebendas que da el estado o son esos pequeños empresarios emprendedores a los que se dirigió en su discurso en Los Angeles? Somos todo oidos para que nos explique.

Pero la campaña de Romney está en el ojo del huracán no únicamente vis a vis los latinos. Su comentario sobre el 47% de gente se ha insertado como un proyectil en el centro de la discusión de la campaña presidencial. Un error más de una campaña que ciertamente ha tenido otra semana de pesadilla. La semana anterior fue la metida de pata del candidato sobre lo de política exterior (ir a la ofensiva criticando al presidente cuando el país era atacado en Libia y Egipto) y ahora lo del video. Antes, en la semana de la Convención Republicana, había sido la extraña intervención de famoso del actor y director de cine Clint Eastwood, quien le robó mucho de la atención a lo que supuestamente era la noche estelar de Romney.

Lo extraño de todo esto es que es una campaña presidencial como ninguna otra (todas son diferentes, obvio, pero esta es única) en el sentido de que todos estos escándalos, aun cuando distraen y descarrilan un tanto la campaña de Romney, no necesariamente le han causado un daño mortal. Al menos hasta hoy. Luego de cada escándalo el candidato sigue ahí, casi empatado con Obama en las encuestas. Pareciera que en la mente de los votantes la situación económica sigue siendo el principal elemento de la campaña. Veremos qué pasa ahora.

(Articulo aparecido originalmente en el sitio web de Telemundo Noticias)


USA y Egipto: ¿siguen siendo aliados?

13 septiembre 2012

Egipto y USA, ambos se necesitan.Vaya lío el que se ha armado por la respuesta del presidente Obama sobre Egipto en la entrevista con Telemundo, en donde el mandatario dijo que Estados Unidos no considera a Egipto un aliado, aunque tampoco lo considera un enemigo.

“Son un gobierno nuevo que está tratando de encontrar su camino. Han sido electos democráticamente (y) pienso que tendremos que ver cómo responden a este incidente”, dijo Obama en respuesta a una pregunta del presentador José Díaz-Balart.

El “incidente” a que se refiere Obama son las manifestaciones y otras acciones de protesta que se han dado frente a la embajada de Estados Unidos en la capital egipcia, El Cairo. Protestas que antecedieron a las que se dieron en Libia que dejaron la muerte de cuatro estadounidenses, entre ellos el embajador de Estados Unidos ante el gobierno libio.

Una vez que se conoció lo de la entrevista con Telemundo, hubo reacción en los círculos de política exterior y en general entre todos aquellos que siguen los asuntos internacionales. Era literalmente una bomba diplomática que el propio presidente dijera en público que Egipto no es un aliado de Estados Unidos.

La pregunta obvia es ¿por qué el escándalo? ¿Qué tiene Egipto de especial que importe tanto que el presidente diga que el país árabe y musulmán no es un aliado de Washington? O aún más, ¿por qué se le da tanta atención a Egipto -no obstante que es cierto, ahí han habido manifestaciones contra Estados Unidos- cuando es en Libia donde han sucedido cosas más graves como la muerte del embajador estadounidense?

Egipto es importante debido a su peso como nación tanto en el Medio Oriente como en el mundo árabe y musulmán. Egipto es no sólo el centro cultural de ese mundo árabe (no necesariamente de todo el universo musulmán ya que hay países musulmanes como Irán que no son árabes) sino que también debido a su ubicación estratégica -por ejemplo, hace frontera con Israel- ejerce cierta influencia en los grandes asuntos de la región.

No por casualidad Egipto recibe un poco más de Mil Quinientos millones de dólares anuales en ayuda de Estados Unidos -$1.3 miles de millones en ayuda militar-, el segundo recipiente en el mundo de ayuda estadounidense después de Israel.

Lo dicho por Obama entonces sorprende debido, entre otras razones, a que es la primera ocasión que el gobierno de Estados Unidos expresa en público como considera al nuevo gobierno egipcio. Por décadas, y hasta el derrocamiento en enero del 2011 del régimen de Hosni Mubarak, el gobierno egipcio fue aliado de Estados Unidos. Hoy hay un nuevo gobierno presidido por un líder que proviene de uno de los partidos religiosos (musulmán) que por supuesto tiene entre sus bases a gente que ve a Estados Unidos, sino como un enemigo, al menos como un país que manipula e interviene en los asuntos egipcios.

Los eventos de los últimos dos o tres días han venido a ponerle urgencia a la definición de esta relación entre Estados Unidos y Egipto. Si ya había reservas de parte de Estados Unidos en el sentido de no quedarle del todo claro qué posiciones tomaría el gobierno del presidente Mohammed Morsi en temas como el Tratado de Paz con Israel -mencionado también en la entrevista con Telemundo-, ahora se está a la espera, con cierta dosis de impaciencia, que deje clara su postura sobre la violencia en torno a las embajadas de Estados Unidos.

Las primeras respuestas del presidente Morsi no han sido alentadoras.

El líder egipcio ha reaccionado lento y sin mucha convicción. Su primera intervención el miércoles fue más para condenar la película que ha dado origen a las protestas -surgido en Estados Unidos sí, pero sin relación con el gobierno de Obama- y sólo un día después señalando que no es correcto “asaltar la propiedad privada o pública, (y) las misiones diplomáticas y embajadas”. Morsi, además, habló con Obama en privado y le expresó sus condolencias por la muerte del embajador en Libia.

La reacción de Morsi ha decepcionado al menos en Estados Unidos -y también en círculos de opinión del mundo árabe y musulmán que se oponen al extremismo islámico- ya que se esperaba que el mandatario egipcio se distanciara claramente de las protestas, tanto de las que pasan en su capital como las de Libia. Lo decíamos, Egipto pesa en el mundo árabe y musulmán y lo que diga su presidente tiene fuerza en la llamada “calle árabe” (en la opinión pública).

Es en estas líneas que se ha interpretado lo dicho por el presidente Obama sobre Egipto. El país será considerado un aliado -y con ello seguirá el flujo de ayuda militar y económica, la cual por cierto se ha detenido en el último año debido ‘a trabas burocráticas’- en tanto muestre que está comprometido con los valores democráticos, la libertad religiosa y el cumplimiento de sus obligaciones internacionales (nunca hay que olvidar a Israel en todo esto).

Pero igual de importante, y esto es lo puntual, que Egipto se pronuncie claramente en contra de las acciones de los grupos extremistas que hoy atentan contra los intereses de Estados Unidos. Vale notar que el gobierno libio ha condenado lo sucedido en su país en los más duros términos, lo cual es bueno pero de alguna manera no tan importante como lo que pudiera decir el gobierno egipcio. Es un poco como que la palabra de Egipto pesa más entre iguales. Todo tiene que ver con que Egipto es estratégico tanto para Estados Unidos mismo como para el mundo árabe y musulmán.

Se entiende, porque el presidente egipcio actúa con tanta cautela. El mandatario está “entre una piedra y una roca”. Tiene por un lado las presiones de Estados Unidos y de la comunidad internacional para que condene el extremismo. Por otro lado, tiene a buena parte del público egipcio que no sólo ve con simpatía lo que hacen los grupos musulmanes que protestan contra Estados Unidos (se siente de veras ofendido por la película donde se ridiculiza al profeta Mahoma) sino que además considera que el gobierno es un vendido o manipulado por Washington.

Y ni hablar de que Morsi mismo proviene precisamente del grupo de “los Hermanos Musulmanes”,  entidad política-religiosa-social que siempre se ha opuesto a Estados Unidos. Esta es la gente que lo llevó al poder y condenar abiertamente las manifestaciones contra Estados Unidos sería ponerse del otro lado de la barrera.

Más allá de lo dicho por Obama en la entrevista con Telemundo, lo cierto es que de alguna manera Estados Unidos necesita de Egipto. Quizá no lo llamará aliado oficialmente -sigue siendo nuestro ‘socio’, aclaró la Casa Blanca ante el revuelo que causo lo dicho por el presidente- pero no le queda de otra mas que continuar la relación bilateral. Muchos de los problemas del Medio Oriente pasan por El Cairo y es literalmente imposible ignorar al gobierno -y los militares- egipcios.

Pero Egipto también necesita de Estados Unidos.

Desde 1948 a la fecha, Washington ha dado a Egipto $71.6 miles de millones de dólares en ayuda bilateral. Un dineral para cualquier país. Y aun cuando casi siempre ha habido consenso entre demócratas y republicanos por autorizar esta ayuda millonaria, esas imágenes de masas desaforadas quemando banderas de Estados Unidos, escalando los muros de la embajada en El Cairo y causando destrucción adentro, lo mismo que las pintas en favor de Bin Laden en las paredes, harán que mucha gente reflexione sobre lo dicho por Obama. En serio, ¿es este Egipto nuestro aliado?

Artículo aparecido originalmente en la pagina web de Telemundo Noticias.


Suena el teléfono a las 3 am, ¿está Romney listo para responder?

12 septiembre 2012

Alguien que entendía y respetaba al mundo musulmán. AFPLa muerte del embajador estadounidense en Libia a manos de fundamentalistas islámicos es un trágico recordatorio de que más de una década después de los ataques terroristas de 9/11, hay gente en el mundo musulmán que sigue viendo a Estados Unidos como el enemigo a causarle daño.

La muerte del diplomático además, ha introducido el tema de la política exterior a la campaña presidencial. El candidato republicano Mitt Romney acusó al Presidente Obama de la falta de una condena enérgica a los ataques contra Estados Unidos. De que el país no debe pedir disculpas por supuestas ofensas a los musulmanes, sino ejercer su poderío y liderazgo internacional.

De entrada hay que decir lo obvio: la muerte del embajador es condenable e inaceptable bajo cualquier punto de vista. Aun en el caso de que los musulmanes estén ofendidos por los cortos que han circulado en internet de una película supuestamente hecha en Estados Unidos en la cual se hace burla del profeta Mahoma, no hay nada que justifique la reacción violenta. Antes del ataque al consulado estadounidense en la ciudad libia de Bengazhi, donde murió el embajador, turbas de musulmanes también habían atacado la sede de la embajada de Estados Unidos en El Cairo, la capital egipcia.

Es claro que el gobierno de Estados Unidos no tiene nada que ver con la película y que el film tampoco representa las ideas de la gran mayoría de la sociedad estadounidense. Más allá de los prejuicios que hay en el país contra musulmanes y otras minorías, o incluso de lo que alguien pudiera decir son acciones de Estados Unidos contra los musulmanes con las guerras en Irak e Aganistán, lo cierto es que no hay una política oficial contra el islam. Al contrario, la Administración Obama en particular, ha hecho mucho por acercarse al mundo musulmán e incluso apoyar los movimientos de democratización -la llamada ‘Primavera Arabe’-.

En el caso del embajador muerto, Christopher Stevens, es todavía más sin sentido lo sucedido. El diplomático era precisamente alguien que tenía un gran respeto por la cultura árabe y el mundo musulmán. Desde joven había estado involucrado con el Medio Oriente, hablaba árabe y con Libia en particular, tenía una relación especial. El año pasado cuando se dio la revolución que derrocó a Mohamar Kadafi, Stevens estuvo con los rebeldes precisamente ahí en Bengazhi ganándose el afecto de mucho del pueblo libio.

Lo que es cierto es que aun en ausencia de justificaciones o con estos sin sentidos, hay gente en el mundo musulmán que cuando haya oportunidad intentará causar daño a los intereses de Estados Unidos. Es importante que tanto Washington como los gobiernos árabes respondan de la manera apropiada a estos ataques. Estados Unidos, continuando con su apoyo a los movimientos de democratización en el mundo árabe. Los gobiernos musulmanes, marcando claramente sus diferencias con los extremistas que causaron la muerte del embajador. En Libia, el liderazgo político ha condenado lo sucedido en Bengazhi. Falta por ver que líderes como el presidente de Egipto digan algo.

En términos de política estadounidense, lo sucedido en Libia decíamos, mete el tema de política exterior en la campaña presidencial. Hasta ahora es muy poco lo que se había dicho de política exterior, en parte porque Obama en general ha actuado relativamente bien en la arena internaicional y en parte porque Romney mismo no se siente cómodo en el tema -además porque tampoco tiene mucha experiencia en asuntos de política internacional. Ahora por supuesto, todo ha cambiado.

Romney fue quien disparó la primera salva en esta batalla de política exterior. El martes en la noche el candidato hizo público un mensaje en el cual atacaba a la Administración Obama por su supuesta debilidad en su respuesta ante los ataques al consulado en El Cairo. Según Romney, Estados Unidos nunca debe pedir disculpas. Debe de actuar con la fuerza de su poderío en el mundo. Después vendría la noticia de la muerte del embajador y condenas contra Romney por haber introducido “ataques políticos” enmedio de una crisis de política exterior.

Lo de las supuestas “disculpas” que pidió Estados Unidos es realmente un sin sentido. Lo que paso fue que ante los ataques al consulado en El Cairo, alguien del consulado envió un mensaje de twiter en el cual señalaba que “ante los continuos esfuerzos de individuos malintencionados por herir los sentimientos religiosos de musulmanes -condenamos los esfuerzos para ofender a los creyentes de todas las religiones”.

Lo que al parecer molestó a Romney y otros republicanos fue esa frase de que se aceptaba de que se habían herido los sentimientos religiosos de los musulmanes, lo cual para ellos era una disculpa innecesaria ya que Estados Unidos era el blanco de los ataques. El miércoles, y no obstante las críticas y ya sabiendo lo de la muerte del embajador, Romney confirmó sus cuestionamientos hacia Obama.

La razon de las críticas contra Romney tiene que ver conque la tradición política de Estados Unidos señala que cuando hay una crisis o evento puntual de política exterior como un ataque a los intereses del país, no se ve bien introducir el tema de la política partidaria. Que lo que tiene que hacerse es cerrar filas en torno a la nación y dejar en segundo plano los ataques políticos y/o de campaña presidencial. Lo de Romney cae bien entre la base republicana la que siempre ha acusado a Obama de “pedir disculpas” a los musulmanes y al mundo en general por las acciones de Estados Unidos.

Obama no dejo pasar la oportunidad para responder a las críticas de Romney. “Aquí hay una lección más grande de aprender”, dijo el presidente en una entrevista con la cadena de televisión CBS, “el gobernador Romney parece tener una tendencia a disparar primero y luego a apuntar”.

Ante la pregunta sobre si consideraba que lo dicho por Romney era irresponsable, Obama fue más diplomático. “Dejo que sea el pueblo estadounidense el que juzgue eso”, respondió.

Es claro que aun cuando el tema de política exterior está ahora en la mesa de discusión de los grandes temas de la campaña presidencial, el asunto sigue siendo relativamente marginal para la mayoría de electores. La gente votará basándose en la cuestión económica, de cómo se sienten en su situación personal y de si lo hecho por Obama en la recuperación de la crisis ha sido lo mejor que pudo haberse hecho.

Con todo, lo de Libia y la tragedia con el embajador ha servido para que la gente vea como actúa cada líder ante una crisis internacional. Como decía aquel anuncio de Hillary Clinton en la primaria de 2008, en donde aparecían unos niños durmiendo en una recámara y un teléfono que sonaba en la Casa Blanca porque algo pasaba en el mundo. “Son las 3 de la mañana y sus niños están durmiendo profundamente, ¿quién quiere usted que conteste el teléfono”?, preguntaba la voz en un tono de urgencia.

(Artículo aparecido originalmente en la página web de Telemundo Noticias)


Obrador se ‘divorcia’ del PRD, ¿a quién le irá mejor?

10 septiembre 2012
  • La salida de Andrés Manuel López Obrador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) plantea una serie de interrogantes sobre el futuro de las fuerzas de izquierda en México. La principal, por supuesto, sobre si al dividirse están tirando por la borda las posibilidades de alcanzar el poder.
Con López Obrador, el PRD y el resto de fuerzas de la izquierda mexicana alcanzaron el segundo lugar en las dos últimas elecciones presidenciales (en el 2006, perdiendo apenas por el 0.56% de los votos –poco más de medio millón- y bajo denuncias de que hubo fraude y de que les robaron la elección). De lejos, los mejores resultados que los partidos de izquierda han obtenido en décadas de participación política. Ni siquiera cuando fue candidato presidencial el fundador del PRD Cuauhtémoc Cárdenas, la izquierda obtuvo tantos votos como con López Obrador.

Al hablar de estos votos surge precisamente la segunda de estas interrogantes en torno a los efectos de la salida de López Obrador del PRD. ¿Qué pasará con los más de 15 millones de votos que obtuvo la izquierda en la última elección presidencial?

¿Será que estos votantes seguirán siendo fieles al PRD, y otros dos pequeños partidos que formaron la alianza de izquierdas, el Partido del Trabajo y el Movimiento Ciudadano, o es que darán el salto hacia el partido político que con toda seguridad formará López Obrador (basado en el llamado Movimiento de Regeneración Nacional mejor conocido por sus siglas de MORENA)?

El anuncio del “divorcio amigable” entre López Obrador y el resto de las fuerzas de izquierda encabezadas por el PRD se produjo el domingo en un mitin en el Zócalo de la capital mexicana. La verdad nada nuevo.

Era secreto a voces que López Obrador y la cúpula del PRD tenían muchas diferencias y que la salida del político tabasqueño del PRD era algo que tanto él como sus socios políticos deseaban. Digamos que fue la mejor separación posible en un matrimonio que hacía mucho caminaba en diferentes pistas. “Estoy a mano y en paz con la izquierda progresista”, dijo López Obrador un tanto resumiendo su salida.

Hay varias razones por las cuales se da esta separación entre López Obrador y el PRD, la principal, quizá, sobre cómo reaccionar ante el triunfo de Enrique Peña Nieto, el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en la elección presidencial de julio.

Leer el resto de esta entrada »


Obama: su discurso mesurado y el mazazo económico del desayuno

7 septiembre 2012
Una visión diferente de país. Sigue siendo la economía.El Presidente Barack Obama cerró la Convención Demócrata con un discurso centrado en la idea de que la elección de noviembre presentará a los electores con lo que será la decisión más importante que tomarán en una generación, escoger entre dos proyectos de país claramente distintos.

La realidad económica, sin embargo, no dio tiempo para que estos electores pensaran mucho en los detalles del proyecto del candidato demócrata. En la mañana del viernes, cuando todavía no se terminaba de analizar y comentar el efecto del discurso de Obama, se conoció la cifra del desempleo del mes de agosto. Mala noticia para el presidente, para decirlo de una manera elegante. La verdad que un mazazo de desayuno a la narrativa demócrata de que las cosas han mejorado.

En agosto se crearon únicamente 96 mil trabajos, y aun cuando la cifra del desempleo bajó a 8.1 por ciento del 8.3% de julio, esto se debió a que mucha gente simplemente dejo de buscar trabajo. Para hablar de una verdadera recuperación económica la economía tendría que haber creado al menos unos 150 mil trabajos. Para los latinos la cifra del desempleo es del 10.2 %.

¡Hey!, un momento, dirá alguien, ¿pero qué tiene que ver esta noticia del viernes del desempleo con lo que dijo Obama el jueves en la noche? El discurso en Charlotte, Carolina del Norte, es una pieza electoral para conocer precisamente de esa visión y/o plan que ofrece el presidente y que debe verse aislada de la cifra del desempleo.

Cierto esto en parte, pero el problema es que muchos de esos electores a los cuales Obama trata de convencer precisamente darán su voto basado en lo que perciben como el buen o mal manejo de la economía de parte de Obama. Y ni hablar de que su rival republicano Mitt Romney pone como principal razón para sacar a Obama de la Casa Blanca su fracaso en el tema de la economía. No por casualidad los republicanos se refieren en cuanta oportunidad tienen a los 23 millones de desempleados o sub empleados que existen en el país (por cierto, raro esto, no? ¿Desde cuándo los republicanos se han preocupado tanto por la gente sin trabajo?).

Pero es cierto, no perdamos el foco del texto, centrémonos en el discurso. Obama desarrolló al inicio esta idea de que el votante tendrá que escoger sobre dos proyectos de país y sociedad y por qué es tan importante esa selección.

“En los próximos años se tomarán grandes decisiones en Washington, en los trabajos y en la economía; en impuestos y en déficits; en energía y en educación; en la guerra y en la paz, decisiones que tendrán un gran impacto en nuestras vidas y en las vidas de nuestros hijos en las décadas por venir”, señaló Obama en el discurso en el que aceptó oficialmente la postulación como candidato a la presidencia por el partido demócrata.

Extraño discurso este de Obama. Aun cuando es cierto que el presidente habló con su elocuencia de siempre sobre las diferencias con sus adversarios republicanos y sobre la importancia de esa decisión que harán los votantes al elegir al próximo mandatario, en general fue un discurso mesurado. Más propio de esos informes a la Nación que dan los presidentes cada año y menos de esas piezas oratorias que electrifican a la audiencia y la convencen de que deben votar por el candidato.

Leer el resto de esta entrada »


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.